COMUNICACIÓN CON ADOLESCENTES
Esta entrada la dedico a una formadora, Júlia Mateo, con quien tuve el honor de compartir la
Certificación del método de comunicación con adolescentes de las psicólogas americanas
Faber y Mazlisch. Por supuesto al magnífico grupo de compañeras y compañero 😀.
Fue en Barcelona, y ha pasado tiempo. Más hay cosas que no se olvidan.
Venga, ánimo. Todo es difícil hasta que se logra.
En la comunicación afectiva, ellos y ellas eligen el momento y el tema de comunicación.
El adulto solo utiliza conectores para procurar que continúe la fiesta. Porque comunicar
con adolescentes es una fiesta.
O más importante: el adulto no juzga lo que oye. Y eso requiere mucho entrenamiento,
mucha consciencia. E insisto, todo es difícil hasta que se logra.
Por tanto, el adulto no interrumpe, no aconseja, no expresa con gestos...
A no ser que queramos que se vuelvan a cerrar... Y hasta que terminen!!
La corrección puede venir en otro momento, separado en el tiempo. Y con mucho primor...
(no olvidemos la terrible influencia de su amígdala, la cerebral, que les convierte en tiranos
egoístas...). Eso es Neurociencia aplicada a los adolescentes, lo que será objeto de otra
entrada.
Si somos los adultos los que tomamos iniciativa, el adolescente "terrenal" adopta una
resistencia pasiva, que expresa mediante expresiones faciales y corporales humillantes para
el adulto. Para el adulto que permita humillarse por ello, claro.
Si el adulto se hace cargo conscientemente del nivel de desarrollo de la mente del
adolescente, y comunica brevemente, y de modo claro y conciso, dicha comunicación
será efectiva.
También es importante que no se haya avisado la comunicación. Que no tengan la guardia
alta.
Porque los padres ejercen una autoridad. No hay que ser violento moralmente.
Eso destruirá la efectividad.
Y más efectivo aún, los temas superficiales, en los que no se implica ni el padre, ni el hijo.
El adulto debe ilustrarse sobre las inclinaciones del adolescente, y estar preparado para
dialogar sin implicaciones personales. Ahí les sacamos con sutilidad información,
o al menos, somos capaces de alimentar afectividad, que ya es magia.
Tras los años de adolescencia, donde existió la magia de la comunicación sobre temas que no
les involucraban directamente, el joven de nuevo cuño, el que termina de superar la
adolescencia, mantendrá con el adulto una relación propia de la adultez.
En otro caso, múltiples peligros acechan a las relaciones naturales entre padres e hijos...

Comentarios
Publicar un comentario